Equidad en la Evaluación



Todavía queda mucha reminiscencia decimonónica en la que la educación se entiende como el proceso en el que un conjunto de habilidades técnicas son impartidas a los “inteligentes” y los “normales” para que desempeñen un buen trabajo. Una nota para cada contenido aprendido; una profesión para cada nota; una vida para cada profesión… Una vida para cada nota…
En el informe Delors quedaba claro que eso no era suficiente… los “cuatro pilares del aprendizaje” (aprender a conocer, a hacer, a vivir juntos y a ser) eran el único camino a seguir.
Me atrevo a decir que incluso los conflictos mundiales del siglo XX que tuvieron como origen el colonialismo previo a la Primera Guerra Mundial no se hubieran producido si las potencias hubiesen respetado el derecho a la educación de esos territorios, si los hubiesen tratado con equidad; porque la educación, además de desarrollar al individuo y a la sociedad... empíricamente, ahorra muertos.


La palabra equidad (sobre todo desde la aparición de la LOE) aparece en la boca los políticos cada vez que hablan de educación antes de las elecciones; pero… ¿Realmente la equidad existe? ¿Se trata de una simple vara de medir con altura regulable? ¿Se ha conseguido de verdad o solo se ha quedado en un apaño para que los “no normales” estudien junto a los “normales”?

Si retorno a mi infancia veo que la maestra me tiene encasillada en ese grupo que no molesta: el de los que tenían la suerte de tener un hogar estable, comida en el plato y unos padres que estaban en casa con unos límites claros. Era de los “normales”. He tenido que ver cómo muchas excelentes personas se han perdido el tercer ciclo de la educación por no estar en este grupo tan selecto de la “normalidad”; porque la normalidad de unos exige la subnormalización del resto.

Y el problema no es solo escolar; sino social.

Voy a introducir este tema desde varios puntos que enlazan lógicamente en causa y consecuencia:
  • Las sociedades están formadas por individuos:
    • El hombre en soledad pierde su humanidad. Necesita la relación con sus semejantes para poder cubrir todas sus necesidades y desarrollarse personalmente. En todo proceso de socialización el individuo cede parte de su preferencia personal en favor de una globalidad de beneficios. Esto aplicado a la educación se traduce en la regulación y de los contenidos para cada etapa.
  • Los individuos tienen características económicas, emocionales y funcionales particulares.
    • La educación debe llegar a todos los individuos; pero no se puede hablar de educación cuando las necesidades físicas como al alimentación y la salud o la seguridad no están cubiertas. Este problema en concreto crea un círculo vicioso en el que la falta de acceso a la educación superior limita las posibilidades de acceso a la educación de las generaciones siguientes. Las diferencias sociales y la cobertura de las necesidades básicas en cualquier situación son el comienzo.
  • Las sociedades desarrolladas deben facilitar el acceso a la educación a sus individuos.
  • La educación es un derecho universal.
    • La regulación de la educación no puede permitirse el lujo de llegar solo a un grupo dela sociedad desde de una normalidad estadística: debe llegar a todos: vivan en urbanización o en chabolas, tengan discapacidad o no, recién llegados o nativos.Incluso en hospitales o campos de refugiados.
  • Las sociedades se desarrollan de una manera directamente proporcional al nivel de educación de sus individuos.
  • En una sociedad desarrollada no se exige ningún requisito previo para que los individuos ejerzan sus derechos universales: los poseen de manera inalienable.

Con todas estas premisas, la educación universal se ve ante el reto de serlo de verdad. Frente a alumnos que no siempre tienen la mejor situación y aún así conseguir que todas las personas puedan aprender a conocerse y a convivir con ellas mismas y con los demás desde la comprensión.

Hay muchísimos obstáculos para poder establecer la educación de esta manera. Se necesita un esfuerzo desde las administraciones educativas y de los docentes para que todos los destinatarios puedan recibir una educación responsable con la diversidad.
Cuando digo educación responsable con la diversidad también incluyo la evaluación; que, como expone sabiamente Carol Dweck, debe educar en el ahora sí y en el todavía no, en vez de en el tú no vales y tú si.
Tal vez, si dejamos de evaluar para distinguir un “normal” de un “anormal” y nos concentramos en elevar personas hasta su donde su potencial les llame a pesar de su circunstancia, llegue un día en el que deje de existir un estos y un aquellos para dar paso a un nosotros que viva en paz y plenitud.

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